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Actuaciones de autoprotección corporativa frente a riesgos catastróficos
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- Creado en Lunes, 01 Marzo 2004 17:48
- Última actualización en Lunes, 04 Mayo 2009 10:27
- Escrito por Jose Manuel Calvo Hurtado
Por José Manuel Calvo Hurtado, Técnico de Protección Civil del Ayuntamiento de Cádiz.
Por autoprotección corporativa venimos a entender aquella que se realiza bajo la responsabilidad y dirección de los explotadores o propietarios de una instalación o actividad concreta, definida y delimitada.
Por tanto, la autoprotección corporativa en sí tiene por objeto reducir los riesgos inherentes al desarrollo de la propia actividad industrial de la que es objeto y, cuando éstos se materializan, disponer de los recursos humanos y materiales para hacer frente a las consecuencias. Se espera de un plan de autoprotección que las medidas de protección pasiva hayan sido revisadas convenientemente para que funcionen según lo proyectado. Así mismo, que los recursos de protección activa no sólo estén disponibles y en correcta disposición de uso, sino que, además, los empleados o usuarios de la instalación afecta tengan el conocimiento mínimo necesario, así como el entrenamiento debido, para hacer frente en lo posible con la intención de controlar o atenuar el foco de amenaza. Se espera de todo ello que, o bien controlen la situación, o hagan lo posible hasta la llegada de los servicios profesionales.
Pero los hechos acaecidos últimamente, con atención especial a acto terrorista de las torres gemelas de New York, han puesto de relevancia el valor de los medios de autoprotección frente a amenazas tan brutales.
Se han calificado tanto las actuaciones de los bomberos americanos como el comportamiento del edificio y sus mecanismos de seguridad, de diversas formas, muchas de ellas contradictorias entre sí. Lo cierto es pensar si estamos preparados con toda la seguridad de nuestros mejores edificios para soportar una situación catastrófica.
Un ejemplo para la seguridad mundial en este año pasado fue el terremoto que se originó en Japón y siendo de una elevada intensidad, sólo hubo tres muertos, uno de ellos por infarto. Ningún edificio se desplomó, frente a los 50.000 muertos del terremoto de Irán. Es un dato muy significativo para reflexionar.
Reflexión sobre la autoprotección
Retomando la cita del ataque aéreo a las torres gemelas, que fatídicamente acabaron desplomándose, nos ha llevado a plantearnos dudas muy serias sobre la seguridad en edificios como aquéllos, a los que se le presumía adecuados sistemas se seguridad. Apunto por ello unas reflexiones a discutir:
- Los aviones que impactaron, además de la agresión a la estructura por el fuselaje de las aeronaves y la propulsión con las que volaban, debió provocar un vertido brutal de queroseno por entre medio de las zonas de impactos. Estos litros de combustibles, tuvieron que arrasar todo lo que pillaron a su paso, además de provocar sobre la rotura por los orificios creados a las torres, una elevación de temperatura.
- ¿De qué sirve un sistema de detección y extinción automática, cuando la capacidad de enfriamiento es muy inferior a la temperatura aportada por el vertido en combustión antes citados? Muy probablemente, los conductos de agua de extinción, como el resto de elementos, debieron desintegrarse. Otros opinen.
Años atrás, un atentado terrorista contra una gran superficie también se saldó con daños cuantiosos y víctimas numerosas. Y si seguimos recordando, otros atentados más brutales, la casa cuartel de Bic, quedó totalmente destruida. ¿Qué tipo de autoprotección podemos prever en estos casos?.
Evidentemente, se traza una línea divisoria entre los efectos desastrosos que pueden amenazar a nuestros edificios y que se originan dos grandes grupos: de un lado, los riesgos por las actividades que son inherentes al edificio en sí y de otro lado, los riesgos que son provenientes del exterior.
Sin dudar, podremos tener preparados nuestros edificios con magníficos planes de autoprotección y todo nuestro personal entrenado, pero todo tiene un límite, marcado por capacidad de resistencia y competencia resolutoria de crisis. Transgredido ese punto, difícilmente se podrá hacer nada.
Prevención ante riesgos catastróficos
Debido a que las situaciones catastróficas serán de elevada magnitud, como corresponde a su definición, las limitaciones de nuestras capacidades se verán mermadas en el momento que estos efectos nos superen.
No obstante, no siempre una situación catastrófica debe abatirnos con toda la seguridad. Todo será cuestión de una medición y un pulso entre la contundencia de los efectos indeseables y nuestra capacidad de respuesta, activa como estructural.
Si nos referimos a terremotos, evidentemente nuestra autoprotección tendrá que estar basada en el cumplimiento de las normas sismorresistentes. De lo contrario, por cualquier razón, aunque sea la consideración de edificio histórico, estaremos en una situación de precariedad absoluta ante este tipo de riesgos, para lo que el resto de acciones tendrá una validez muy mermada.
Si consideramos que nuestro edificio es posible objeto de una agresión terrorista, además de reforzar las estructuras muy por encima de las normas constructivas, sólo nos quedará extremar la vigilancia exterior para evitar la aproximación del agente agresor. Hoy en día, la tecnología nos posibilita muchas medidas de control, para evitar este tipo de situaciones, pero a mi opinión, la mejor medida de control ante estas amenazas será la disciplina estricta en las pautas de seguridad estipuladas. Sin duda, si alguien quiere cometer un atentado terrorista sobre nuestra edificación, observará primero el grado de vulnerabilidad que tengamos y por tanto, esa será nuestra garantía o debilidad.




















