Documentos
Autoprotección en centros educativos de Andalucía
- Detalles
- Categoría: Documentos
- Creado en Martes, 01 Julio 2003 17:28
- Última actualización en Lunes, 04 Mayo 2009 10:24
- Escrito por José Manuel Calvo Hurtado
Por José Manuel Calvo Hurtado, Técnico de Protección Civil del Ayuntamiento de Cádiz.
Introducción
El Defensor del Pueblo Andaluz, dispuso la redacción de un "Informe Especial sobre la seguridad de los centros educativos en Andalucía". Con cierta ironía se antoja como la "asignatura suspensa" de la educación, que desde siempre viene siendo muy deficitaria por regla general en la inmensa mayoría de los edificios destinados a la enseñanza, en sus distintas variantes: infantil, primaria, secundaria y universitaria, salvando oportunas excepciones producto de edificaciones de nueva planta y por tanto, vinculadas a normativas actuales o como es el caso de la Universidad de Cádiz -a conocimiento del autor de este informe- ha iniciado un ambicioso proyecto de adaptación de edificios para cumplir los requisitos actuales o en su defecto, aproximarse al máximo.
Con este documento se persigue analizar la situación de los centros docentes, desde el prisma reflexivo de la legislación vigente y de los efectos sociales por la utilización de los mismos, donde se llegan a condiciones a veces de una precariedad estrepitosa no menos calificable de arriesgada.
Análisis de la realidad
Por análisis de la realidad se pretenden expresar las diferencias perfectamente medibles y comparables entre lo hallado y lo esperado, entre lo presente y lo conveniente. Para ello, comenzar por lo relativo a las distintas normativas que nos rodean, sin olvidar que la mayoría de ellas, gozan del absurdo privilegio de la "irretroactividad", sobre todo, cuando hemos observado si bien muchos edificios no podrían cumplir lo estipulado hoy en día, sí podrían evolucionar progresivamente en el término que hemos venido a llamar "la adaptación posible".
FUNDAMENTOS NORMATIVOS
La construcción dominante en Andalucía de centros educativos concurrió antes de la publicación de la primera Norma Básica de la Edificación y Protección Contra Incendios en los Edificios, dictada en el año 1.982. (NBE - CPI - 82), seguidas de las actualizaciones en los años 1.991, 1.995 y 1.996.
Otra normativa aplicable se basa en el R.I.P.C.I. (Reglamento de instalaciones de protección contra - incendios). Es de más reciente publicación y la crítica técnica lo establece como la herramienta necesaria para que lo dictado, sobre todo en la NBE - CPI, se pueda llevar a cabo, evitando trampas que los mismos proyectistas suelen acometer con el fin de abaratar costes, sin escrúpulos y a sabiendas de que tal escatimar es inversamente proporcional a los derechos a la vida y las necesarias medidas de protección y salvaguarda. Deberían estar más perseguidas.
Por citar ejemplos, hoy en día se siguen instalando mangueras contra incendios (B.I.E.) sin que lleguen a conectarse a un sistema de aprovisionamiento de agua. ¿Cómo pretenden que sean útiles y puedan apagar un incendio?. Así mismo, se siguen instalando elementos no homologados, que son más económicos, a riesgo de no conocer sus prestaciones en los momentos más desfavorables. Es el caso de lámparas de emergencias "Made in Taiwan", tuberías para "columnas secas" sin la sección preceptiva de sus tubos y a riesgo de que revienten cuando fueran sometidas a presión, etc.
No podemos dejar de citar el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión, por el que se dictan las condiciones técnicas de electrificación de edificios, así como se echa en falta en muchos centros, la actuación de electricistas titulados y cualificados. Es fácil observar cómo se sobrecargan las líneas y con ello se generan elevaciones de las temperaturas con riesgos de cortocircuito e incendios.
En el mismo orden, las Administraciones actuantes, Consejería de Educación y Ayuntamientos, ha fomentado que los conserjes o mantenedores, efectúen reparaciones eléctricas menores sin el conocimiento adecuado, por lo que se detectan instalaciones muy irregulares, tales como no emplear los cables de las secciones adecuadas, interruptores y otros elementos inadecuados, etc.
Estas normas, fundamentalmente han ido recogiendo necesidades de protección en torno a dos grandes aspectos generales: la protección activa y la protección pasiva.
Protección activa
La "protección activa" tiene por objeto controlar los focos de incendios, desde su fase de conato y evitar su propagación por acción directa: extintores, detectores, alarmas, rociadores de agua o gases de extinción y la acción humana de los equipos de intervención. Se detectan los siguientes aspectos:
1) Existencia de recursos no disponibles, grado insuficiente e idoneidad incorrecta para el nivel de riesgo analizado, incorrecta disposición de uso (falta de revisión, inadecuado mantenimiento y ubicación de escasa o nula estrategia). En los centros educativos, los numerosos defectos se suelen localizar en los distintos aspectos subrayados. Son destacables los siguientes:
- Nos encontramos con extintores que no fueron revisados en tiempo y forma y por tanto, su uso eficaz es dudoso. La revisión de carga es anual y la prueba hidrostática de presión es cada cinco años, siendo la vida máxima de un extintor de 20 años. Aún así, existen "piezas de museo".
- En aulas que cambiaron de uso no se tuvo en cuenta la variación de los riesgos de incendios: las que fueron destinadas a usos de aulas informáticas, talleres eléctrico - electrónicos, o laboratorios físico - químicos a veces no se les acondicionó con extintores apropiados (CO2). También aulas que pasaron a ser bibliotecas, archivos o donde por cualquier otra necesidad se aumentó ostensiblemente la "carga de fuego", no fueron reforzados los recursos contra-incendios.
- Ha sido frecuente que el uso improcedente de extintores por travesuras, haya provocado que no se recargaran por desidia, o bien que se retiraran de sus lugares estratégicos o se colgaran a más altura, tanta que muchos profesores tendrían dificultad de alcanzarlos en caso de emergencias.
- Al mismo tiempo y no de menor importancia, las lámparas de emergencias que son instaladas con demasiado tiempo atrás, se encuentran con sus bombillas fundidas, baterías agotadas o tan siquiera les llega fluido eléctrico. El hecho de que en muchas ocasiones no dispongan de interruptor con línea específica, impide que se puedan someter a estados de prueba, ya que se precisaría cortar todo el suministro energético y ello es incompatible con el uso de ordenadores y otros aparatos. Recordar que muchos centros funcionan a la entrada del ocaso y que en épocas invernales es más acuciante.
- Las bocas de incendios equipadas (B.I.E.), que son las instalaciones de mangueras no están disponibles en la mayoría de los centros educativos. Aún así, en aquellos centros donde si existen, es fácil detectar cómo no disponen de la instalación correcta o casi peor, el personal afecto no ha sido entrenado nunca para su manejo.
- En cuando a los defectos de instalaciones nos encontramos que muchas instalaciones carecen de agua, por lo que ante un incendio, no servirían para nada. En otros caso menos desfavorables, las mangueras han sido conectadas a la red, por lo que no se garantiza el suministro y si un fallo del mismo por avería o restricciones de agua por sequía, coincidiera con un incendio, tampoco habría caudal de agua.
- Lo estipulado como necesario y por tanto conveniente, dicta esencialmente que se debe disponer de un depósito no inferior a 12 m3, así como que se disponga de bombas que ofrezcan una presión y caudal nominal mínimo de 3 kg/cm2, no debiéndose olvidar que las bombas de propulsión suelen funcionar por alimentación eléctrica y por tanto no pueden depender exclusivamente de la red o acometida general, que al suponerse interrumpida por un incendio, debe existir un generador autónomo de electricidad con arranque automático. Todo esto está muy lejos en la mayoría de los centros educativos de Andalucía.
2) Los sistemas de detección y extinción automática de incendios corren escasa suerte de existencia y cuando los hay, no se sabe con certeza qué nivel de protección alcanzan, quiénes los conocen, ni cómo se utilizan correctamente. Los profanos, en la visualización de un "aparato en el despacho del conserje, con lucecitas de colores" aciertan a sentenciar que el edificio "tiene alarma", sin considerar por desconocimiento los siguientes detalles:
- La existencia de sistemas electrónicos (en un futuro utópico, informáticos) constituyen tantas posibilidades como se hayan querido diseñar. No existe magia. Por tanto, estas posibilidades de diseño y programación deben ser acordes con la evaluación del riesgo, cuando exista.
- Un sistema de alarma puede ejecutar tantas operaciones como se les hayan programado. Las acciones pueden ser simples o complejas. Aún así, las garantías de los funcionamientos dependen de las revisiones / mantenimientos a las que sean sometidos y la vulnerabilidad que tengan por condiciones de ambiente natural (humedades, calor, etc.) o por sabotajes (climas hostiles, falta de concienciación, etc.)
- Cuando existen alarmas, no se han tenido en cuenta que el sonido llegue a todas las zonas dónde pudieran encontrarse ocupantes de la condición que sea (alumnos, profesores, no docentes, etc.). Así mismo, al no existir las suficientes prácticas, los destinatarios no conocen o no identifican a veces el sonido de la alarma.
- El uso defectuoso de alarmas, bien por falta de mantenimientos o por sometimientos inadecuados de su sensibilidad, como fumar en exceso donde existen precisamente detectores de humos, provocan activaciones como de "falsas alarmas". Esto condiciona negativamente la necesaria atención para la que han sido proyectadas. En el mismo orden, utilizar el idéntico timbre para la regulación de horarios que para "incendios" provoca confusión, aunque se pretendan cambiar las frecuencias de usos (prolongados, intermitentes, aleatorios, etc.). Los sonidos de alarma, sólo pueden ser para emergencias. El condicionamiento clásico de Pavlov, por el que regularíamos su eficacia, es tan práctico como variable.
- Existe la creencia de que instalar una alarma nos salvará de todos los peligros y lógicamente, no es cierto, pues si no se instalan las aplicaciones óptimas o más convenientes para las necesidades de cada edificio, el nivel de protección será defectuoso y no podrá cubrir las expectativas de seguridad necesarias. Se deberán tener en cuenta conceptos de referencias cruzadas entre el número de personas e índice de riesgo por la práctica de las actividades, así como niveles de riesgo con el edificio desalojado y personas que quedan a su cuidado. Estos principios deben quedar analizados para determinar qué sistema de alarmas necesitamos, qué nivel de protección precisamos alcanzar y con qué medios.
- Por último en este apartado, los sistemas automáticos de detección y extinción de incendios, obedecen a unas instrucciones programadas y pueden precisar de una "compenetración" de sus posibilidades con los usuarios, tales como desalojar una sala si se va a producir un disparo de anhídrido carbónico. Esto se debe dictar en el plan de autoprotección y debe ser conocido por todos, ya que de lo contrario, una medida de protección puede causar más daño aún.
Protección pasiva
Abordamos lo definido como "protección pasiva o estructural", que tiene por objeto primordial, evitar que los incendios de propaguen mediante sistemas de sectorización, compartimentación y zonificación. De ahí que a su vez se divida en dos clases o propósitos: la tendente a evitar la propagación horizontal y la que persiga evitar la propagación vertical. A continuación, se relatan una serie de puntos sobre ello.
1) En la mayoría de los centros educativos de Andalucía, no se llevan a cabo estas medidas, bien porque fueron construidos hace muchos años o porque al ser edificios de escasa entidad constructiva, no lo recoge la norma dentro de los mínimos aplicables. No obstante, las actividades que acaban realizándose en los centros educativos y la forma en la que se llevan a cabo, a veces genera un riesgo superior a que se pudo proyectar en la edificación. Son los casos de excesivo almacenamiento de papel, cartón y otras elementos de fácil combustión o la adaptación de espacios a nuevos usos para los que no fueron previstos inicialmente, como aulas informáticas, bibliotecas, archivos, laboratorios, talleres, etc.
2) La creación de sectores independientes de incendios tiene por objeto separar las cargas de fuego que puedan existir en el conjunto del edificio, de modo que si una parte entrara en combustión, existiría suficiente resistencia al fuego (RF) en los materiales que lo componen, como para dar tiempo sobrado para que las personas se pusieran a salvo y para que los bomberos pudieran intervenir. De este modo, además de ser un elemento de protección de la vida humana, lo es también de los medios e inversiones realizadas.
3) Se detecta que en los centros educativos, como en muchos otros edificios, las actividades que tienen potencial carga de fuego, está en disposición de arder con facilidad y además es muy vulnerable a los sabotajes. Se precisa que los centros educativos empleen mejores técnicas organizativas de sus compartimentos y usos de cada uno, de modo que los archivos no estén en la misma dependencia donde se efectúa trabajo administrativo y por tanto, deambular de personas, creándose cuartos cerrados para estos materiales donde sólo accedan los responsables. Esta separación evita por principios elementales, las probabilidades de combustión y si se produjera, quedaría confinada y no se propagaría al menos con facilidad, dependiendo de la resistencia al fuego de los materiales.
4) Los vestíbulos protegidos son soluciones de protección pasiva muy idóneos tanto para evitar la propagación, como para facilitar la evacuación en caso de emergencias. Un vestíbulo protegido es aquel que se construye de forma que al acceder a una escalera, para abandonarla y pasar a la planta, es necesario pasar por una puerta RF. Existen muchos centros educativos, donde esta solución muy factible, se puede alcanzar con un coste bajo, obteniéndose unos beneficios importantes.
5) Recordar que para que un vestíbulo protegido o cualquier otra sectorización que dependa de la acción humana, tal como mantener cerrada una puerta, precisa de una disciplina continuada, pues si se descuida en caso de incendio, no serviría para nada.
LA SEÑALIZACION
He creído oportuno sacar este apartado de los anteriores para analizarlo por separado, aunque sucintamente. Para la señalización se tendrá en cuenta los siguientes aspectos. Los centro educativos de Andalucía, adolecen de la correcta señalización, habiéndose colocado en algunos casos, los rótulos de salida de emergencia sobre la puerta, adonde si se llega en caso de emergencia, ya no habrá duda de cuál es el camino a salir, omitiéndose otras también importantes.
1) La señalización dedicada a indicar los sentidos de evacuación, deben estar en todos los puntos dudosos que cualquier usuario se encontrara a su paso desde su punto.
2) El material utilizado debe ser homologado y no es válido, como se ha visto, que se realice con cartulinas como un trabajo más de manualidades. Si el centro tiene programación escolar al llegar al ocaso, las placas señalíticas deben disponer de tratamiento luminiscente visible en la oscuridad. Estas señales tienen un tiempo de vida útil, debiendo ser remplazadas cada cierto tiempo.
3) Las señales para la localización de medios y recursos deben corresponderse con la ubicación exacta de los mismos y tienen por objeto facilitar su localización. Se ha detectado que no se utiliza de forma correcta, colocándose de cualquier forma sin tenerse en cuenta los ángulos de visión.
4) Las señales de indicación, determinación de peligros y restricciones de uso, deben ser atendidas con tanta importancia como las anteriores. Frecuentemente se olvidan.
5) Es importante desde el punto de vista docente, realizar actos pedagógicos con los alumnos para una mejor identificación y respeto de las mismas.
Autoprotección escolar
La "Autoprotección Escolar" es una disciplina dependiente de la general o común, pero con marcadas características que la hacen especiales. Éstas se orientan esencialmente sobre que la población mayoritaria a la que va destinada es población escolar y en elevado número, menores de edad.
Esa minoría de edad arroja un parámetro específico que es la responsabilidad o tutoría legalmente asumida por los educadores, todo ello al amparo más estricto de la Ley de Protección del Menor. Por todo ello, el hecho de que el riesgo y las emergencias hipotéticas afecten a adolescentes y niños de todas las edades, genera una preocupación especial que no acaba de ser entendida por las Administraciones responsables, debido a la patente omisión que existe en este campo, peor si cabe, cuando de la Autoprotección Escolar se hace un mero requisito administrativo para poder iniciar el curso escolar formalmente. Permítase a este redactor, la acepción satírica que cabe en la expresión de "cumplimiento", que degenera en la de "cumplo y miento".
CARACTERISTICAS DE UN PLAN
Los planes de Autoprotección Escolar tienen su base de redacción en las mismas características que los planes de carácter general. Si bien la Junta de Andalucía ha emitido documentos específicos, la filosofía es la misma.
Los planes en un centro, respetando otros criterios, deben ser redactados por los propios docentes y no docentes de cada centro, contando con el asesoramiento de los expertos. Ello persigue que sean conocedores verdaderamente de las características del edificio, al verse inmersos en el análisis que deban de realizar para la valoración de los riesgos, siguiendo siempre la guía oportuna y los consejos de profesionales del sector.
La mayoría de los profesores de Andalucía, no le dan importancia a esta "asignatura pendiente", con la inconsciencia que supone desatender la realidad de asumir riesgos evitables en una elevada cantidad de horas y días que contiene cada curso, donde conviven además de con los alumnos y sus propios compañeros, con las posibles causas y efectos de hipotéticas emergencias.
En cuanto a los medios y recursos que deben quedar incluidos en el plan, resulta que la mayoría de los profesores no conocen con precisión su existencia, ubicación, propiedades y mucho menos, su utilización. Es difícil encontrar profesores que al menos hagan una práctica de manejo de extintores con fuego real. Una práctica bien sencilla y económica, que media en la habilidad necesaria para afrontar un conato de incendios.
Respecto al propio plan de emergencia, documento del plan de Autoprotección, donde se fijan las competencias de cada profesor o personal no docente, para afrontar cada situación prevista, nos encontramos que cuando en el mejor de los casos, han sido asignados, éstos no se han revisado y no se ajustan a la realidad por traslados, jubilaciones, etc.
En la fase de implantación y mantenimiento, se debe recoger diversos aspectos, tales como las medidas a adoptar para mejorar los recursos que deben existir, la formación e información que se debe impartir y las revisiones que se efectuarán tanto de los recursos, como del documento en sí.
LA CULTURA PREVENTIVA
En los centros educativos, la materia de autoprotección debe tener una doble aplicación: la propia de su redacción y el desarrollo de la "cultura preventiva". Resulta evidente que si desde parvularios, los niños fueran educados en esta materia, su condicionamiento se irá fijando con mayor éxito a lo largo de su currículum de aprendizaje.
La mayoría de los profesionales de la seguridad y las emergencias, somos conscientes que el mayor número de accidentes se producen por falta de respeto a los factores de riesgo, desconocimiento de los mismos y al tiempo, una vez desencadenadas las hipotéticas emergencias, los resultados son siempre más desastrosos, tanto en lesiones, vidas humanas como pérdidas materiales, por la falta de capacitación para la resolución de problemas que la población tiene. Como ya se ha citado, la mayoría de los docentes andaluces no han manejado nunca un extintor. Difícilmente lo harán correctamente, sobre todo si se tiene en cuenta, los factores estresores que rodean la emergencia, vistos en mecanismos potenciadores (pánico), como inhibidores (parálisis de respuesta).
También apostamos, por un futurible marcado sobre que si los alumnos de hoy recibieran más formación de cultura preventiva, serían más responsables en la integración del mundo laboral y con ello, se reducirían las cifras escandalosas de siniestralidad laboral, sobre todo, cuando el mayor número de siniestros, lo es por falta de prudencia y respecto, donde se desafían las Leyes de la Física, que terminan por cumplirse inexorablemente.




















